Andrea Alzati

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Degollamiento

atiné a decir
algunas palabras de agradecimiento 
antes de que me cortaran la cabeza

mientras el sable con el que me degollarían
era afilado por un hombre con botas de hule 
y el gallo cantaba mi último amanecer 

di las gracias por las noches de sueño profundo, 
por las lluvias torrenciales, 
por el arco y la flecha de mis preferencias sin fundamento 

mostré mi gratitud a la especie humana
que prepara alimentos antes del amanecer

costales de harina torre de babel
masa madre en permanente construcción 

ollas de acero inoxidable exhalando vapor
comales sobre brasas
cáscaras de naranja en las puertas del paraíso
que me espera con las rodillas abiertas 

alcancé a dar gracias por los días de terror al rayo del sol
por el miedo profundo de mi propia felicidad    
hojita de berro verde brillante      
costilla de cerdo
                      ciruela   
tuétano sobre un plato de barro desnudo.





Inventario

tengo un corazón que bombea sangre
un cerebro esponjoso
doscientos seis huesos
racimos de ojos miopes

tengo una ventana que es solamente mía
desde ahí puedo mirar cuatro paredes desgastadas
cielo, tuberías, más ventanas

tengo un perro negro 
que duerme junto a mí todas las noches
y que sabe jugar a la pelota
y si le pido que se siente, se sienta
el perro y yo nos tenemos aunque su vida no me pertenece 

tengo un castillo en el aire y el aire es tierra roja
al castillo lo bordean generaciones de árboles frutales
que nadie cuida y permanecen de pie
el castillo flota arriba de mi cabeza de chícharo
como una corona inmensa que sólo yo puedo ver

tengo un espejo donde me miro con mi corona de tierra
espejito, espejito,
 ¿quién es la más ridícula del reino? 

tengo algunos miedos
dos o tres certezas
un manojo de bailes que nadie me ha de quitar

tengo un puño
de sal blanca
para echármela en los ojos
cuando llegue el momento.




Defensa

dentro de mi campo visual 
mi cabeza tubérculo de mazapán
escucha el sonido de la imagen
brillan las plumas del gallo

papalotes color buenas intenciones atraviesan el círculo de la mirada

pienso en subterráneos
en un glaciar cubierto de confeti
mirar el mundo ya es pensar en el mundo

mis ojos mentales afinan los colores de su último amanecer

entre las piedras del río
ranitas de bronce palpitan
bajo del rayo del sol 
y fluye un agua casi transparente
que moja mi calavera blanca

soy lengua de becerro que lame la muerte

mi vida fue limpia 
sobre el plato extendido del silencio
el último gajo de mandarina entre las cáscaras

los signos del habla me acompañaron siempre

en mis axilas fundé una ciudad
soberana de mis esquinas más oscuras
de mis pliegues más alejados de la letra
emperatriz de las curvas de mi retablo dorado
donde tomé infinitos baños
fuente de agua bendita

¿dónde dejé la quijada con la que te besé las manos? 
¿qué tierra se nutrió de nuestras alas prematuras?

en la iglesia el eco de un aplauso rebotó
hasta salir del templo convertido en ratita negra
ahí, en sus bigotes temblorosos y su miedo, fundé mi religión

cabelleras de dioses cuelgan desde el cielo hasta a la tierra
con mi sable les doy forma
trazos para mi decir 

escuché el cuerpo negro del perro 
dormir junto al mío
sus sueños galopantes
de pelaje y colmillos y sangres que desconozco
no soñamos igual
mi perro y yo
sin embargo dormimos juntos
y esa es nuestra venganza.




Estocolmo

le muevo el rabo a mi secuestrador cada mañana
afino mi voz con gárgaras de vinagre 
entono las mañanitas en dos patas
y mi hocico busca la curva de su mano

amanece verde, lucecita roja

¿eres un avión? ¿una nave extraterrestre?
¿eres mi propia mente?
¿o un dios primitivo?

hemos vuelto heridos de una guerra que todavía no empieza

yo perdí una de mis extremidades
y él las perdió todas
costal de papas con un silbato colgado al cuello

préstame tu linterna

quiero iluminar tu garganta
hacer un teatro de sombras chinescas 
entre tus pezones.




Atmósfera

arriba, en el cielo común
en el campo de cosecha
de mis más vegetales intenciones

allá donde llueven lombrices
ex-presidentes con cuerpo de gusano 
plaga de máscaras de hule calvas
desfilan en la atmósfera

el traqueteo de mis caballos de fuerza 
hace el más bello ruido blanco,
inmaculadas banderas ondean 
indicando que hay paz en la tierra
para las gentes perezosas

en ese aire 
en ese espacio aéreo donde mis músculos brillan
carne macerada en aceite
y la sal bordea mis palabras
y mi silencio me sabe a pan

allá en las alturas me siento a reflexionar 
escalímetro y lápiz en mano

¿qué diagrama habré de trazar
para sobrevivir en este aire
tan pero tan limpio?




Andrea Alzati (1989) es poeta & artista visual. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Fue becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA en la disciplina de Poesía de 2016 a 2017. Es autora de los libros: Animal Doméstico (México: JUAN MALASUERTE, 2017. España: Ediciones Liliputienses, 2020), Algo tan oscuro que no tiene nombre (México: Dharma Books & Publishing, 2018) y Todos mis quchillos (Valdivia: Komorebi Ediciones, 2019). Parte de su obra visual puede verse en su instagram @aalzati. Los poemas publicados son inéditos.

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